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Mensajes iguales y opuestos: lo que necesitamos y no necesitamos escuchar en la recuperación

Thank you to our wonderful volunteer Sole Gonzalez for translating this post into Spanish.

Por Emily Boring

Una regla de oro: Nunca uses el lenguaje del TCA para responder al TCA.

Quizá pueda parecer obvio. Desgraciadamente, me he encontrado con que en situaciones comunes ― conversaciones con clínicos bien intencionados, familia, amigos y otros apoyos de la recuperación ― esta regla está lejos de ser universalmente aplicada y entendida. 

Este es un ejemplo clásico. El día que me diagnosticaron anorexia, me presenté en el despacho de un dietista, paralizada ante la idea de comer más o reponer mi peso. “No te preocupes”, me tranquilizó. “Puedes recuperarte de la anorexia y seguir estando delgada” (Una pista: palmada en la frente y gruñido)

Otras afirmaciones son igualmente gordofóbicas e irreales, pero un poco más sutiles. Recientemente, compartí mi incomodidad sobre mi aspecto post-tratamiento con un clínico. Sin saber nada sobre mi peso o mi estado de salud, dijo: “Bueno, a veces los cuerpos al comienzo de la recuperación tienen un aspecto diferente. Pero puede que no tenga ese aspecto siempre: más adelante, si quieres, puedes volver a hacer más ejercicio.”

Podemos considerar escenarios en los que me he encontrado frecuentemente estando en compañía de amigos amables, pero poco conscientes. Durante una comida o un snack, yo a veces suspiro acerca de mi plan de comidas o me quejo de tener que comer seis veces al día. Con frecuencia alguien dice: “Si, eso suena apabullante. Quiero decir: no es natural comer tanto.”   

¿Qué tienen en común todas estas afirmaciones? De una forma u otra, todas emplean la lógica y el lenguaje del trastorno de la alimentación ¡para responder a la ansiedad causada por el TCA!. Todas se fundamentan en creencias como “Más delgado=mejor”, “estar en forma es un valor universal” o “algunas cantidades de comida son “normales” y otras no”. En cada caso, el lenguaje se ha elegido claramente para confortarme o calmarme, lo cual no deshace el daño. 

Durante años he atribuido comentarios como estos a la gordofobia, la cultura de la dieta y la pura falta de información. Y es cierto: El estigma del sobrepeso en la medicina, la ciencia y la sociedad es un problema creciente que conduce a diagnósticos equivocados, complicaciones médicas, falta de acceso al tratamiento, discriminación basada en la identidad y un profundo dolor emocional. Los médicos, dietistas y terapeutas pueden completar sus estudios universitarios con cero horas dedicadas a la formación en trastornos de la alimentación. Pero a lo largo de los años, he escuchado estos comentarios una y otra vez de personas bien educadas, bien intencionadas. Y empiezo a creer que hay algo más.

Detrás de cada una de estas afirmaciones erróneas, oigo el deseo de extender la empatía: la intención de encontrarse conmigo exactamente en el punto en el que estoy de mi recuperación, aportando comfort y compañía en la lucha. Escucho a una persona diciendo: “estoy contigo, reconozco tu sufrimiento, iré ahí donde estás tú, porque quiero ayudarte.” 

Sé que esto es cierto porque he estado en ambos lados de estas conversaciones. Recuerdo tiempos en los que estando sentada al lado de alguien tutelado por mí o un amigo que se siente paralizado por el malestar y el autodesprecio. “No soporto los cambios de mi cuerpo”, me dice “¡Ha cambiado tanto! Nunca voy a poder aceptar mi peso de recuperación”. Yo sé lo que hay, y sin embargo, me siento tentada a utilizar el lenguaje del TCA: “no te preocupes, este cambio no es tan drástico como crees. Estás muy guapa y muy sana: eso es lo que vemos los demás.”

En otras palabras, veo a una persona por la que me preocupo que está sufriendo, incapaz de vislumbrar su brillantez y su potencial, ¡y lo que quiero es arreglar eso y ayudarla! Este impulso de detener el dolor a cualquier precio ― un impulso compartido por terapeutas, familia, amigos y más ― es instintivo y bien intencionado y fuerte. 

Pero como he tenido un TCA, me analizo antes de usar ese tipo de lenguaje. Dado que la realidad de la dismorfia corporal, las personas que se están recuperando de un TCA no pueden verse a sí mismos con claridad, y habitualmente sobreestiman los cambios físicos. Pero sé que enfatizar la apariencia, incluso cuando estás tratando de ser tranquilizador, solo fortalece la creencia de que la apariencia determina el valor. Minimizar los cambios físicos puede parecer un alivio en el momento, pero lo único que hace es fortalecer el mito de que los cuerpos más grandes no son aceptables y que cambiar = mal. 

Lo que me devuelve a mi norma: nunca uses el lenguaje del TCA para responder a un TCA. Cualquier alivio temporal que pueda derivarse de hacerlo es sobrepasado por los profundos costes a largo plazo. En las siguientes secciones, explicaré por qué hablar el lenguaje del TCA no es una solución, y qué puedes decir en lugar su lugar.

All-Or-Nothing Valleys: Why Eating Disorder Language Doesn’t Work 

Los valles de Todo o Nada: por qué el lenguaje del TCA no funciona. 

En un artículo previo, escribí acerca del valle del trastorno de la alimentación y del valle de la recuperación. Utilicé un sencillo dibujo ― un diagrama de bola y taza― para mostrar que “recuperación” y enfermedad son dos lugares separados y autosostenidos, cada uno con su propio set de creencias, experiencias y reglas. 

La sencillez de este diagrama destaca un aspecto esencial de los trastornos de la alimentación: son enfermedades de todo o nada. Desde el valle de la anorexia (un lugar de miedo y rigidez), yo no puedo recordar o visualizar los sentimientos del valle de la recuperación (un lugar de libertad, confianza y confort).  Las reglas de la anorexia se viven como naturales, obvias, lógicas y consistentes ― acorazadas en mi mente y reforzadas por datos físicos. Esto no es un fallo de la voluntad o la imaginación. Es un hecho de la biología, el producto de cambios mensurables en el metabolismo y psicológicos, que se producen en el cuerpo y el cerebro de alguien con un trastorno de la alimentación cuando entra en un déficit energético. 

Lo que esto significa es que cualquier cosa que le digas a alguien con un trastorno de la alimentación, es procesado por un filtro altamente selectivo y enfocado en una sola dirección. Pasa a través de una membrana que admite solo aquello que refuerza las ideas del TCA preexistentes. O el trastorno altera la evidencia cuidadosamente, retorciendo tus palabras para sus propios fines. Los únicos mensajes que pueden tener una oportunidad de escapar este círculo insidioso son aquellos que son igualmente persistentes en la dirección opuesta: afirmaciones que hablan claramente e inequívocamente de una visión del mundo recuperada. 

A modo de ilustración. Encuentro que es útil observar no solo lo que mi TCA hace con afirmaciones extremadamente gordofóbicas, pero también como responde a mensajes neutros o situaciones ligeramente ambiguas. 

Esto sucede frecuentemente en conversaciones sobre mi plan de comidas. Al comienzo de nuestro trabajo juntas, una dietista habitualmente me dará instrucciones firmes diciendo: “Estas son las raciones y los horarios que tu cuerpo necesita diariamente, y esto es lo que es admisible a modo de ejercicio”. No me gusta particularmente (¿a quien, con anorexia, le gustaría?), y por ello me cuesta lograr el 100% de las metas. Pero las instrucciones firmes son también de ayuda. El ultimatum de que “la comida es medicina y la medicina no es optativa” es uno de los únicos mensajes suficientemente fuertes como para atravesar las objeciones de la anorexia y que me permite empezar a comer. 

Pero a medida que las semanas pasan y yo dejo un snack por aquí, hago un atajo en este otro sitio, sucumbiendo a los susurros de mi trastorno de la alimentación, la dietista cambiará su estrategia. 

“Observo que te cuesta completar tu plan de comidas”, dirá. “Día tras día, nunca añades ese snack que deberías añadir por hacer ejercicio. ¿Por qué no intentamos olvidar esa meta de snacks por el momento y nos concentramos en alcanzar unos mínimos? Así no te sentirás tan desbordada.”

Su intención: encontrarse conmigo en el punto en el que estoy, establecer metas que me parezcan alcanzables. No permitir que la nimiedad de una meta grande me desanime de comenzar los vitales primeros pasos. 

¿Qué escucha mi TCA? “Si este snack es opcional en este momento, ¿Por qué me lo ponen? ¡Eso es que no hay ninguna razón! Claramente, todo este plan de comidas es sospechoso. Claramente mi cuerpo no necesita esta energía. ¡Mi peso debe ser suficientemente algo como para que no importe si como o no como!

Lo que yo necesitaba escuchar era un permiso inflexible, firme para seguir mi plan de comida al completo, sin excepciones, sin regateos. Necesitaba que mi dietista se mantuviera firme en su mensaje original ― tan firme en su insistencia de que comiera como mi trastorno en que no lo hiciera. De otro modo, la anorexia coge cada vacilación o acuerdo y lo convierte en una licencia para hacerme obedecer sus propias normas. 

Esta reacción no es única en mi caso. He descrito con frecuencia estas conversaciones a amigos que conocí en el tratamiento ― gente cuyas mentes funcionan del mismo modo extraño y sistemático. A todos nos dan escalofríos en los mismos momentos. “Deja que adivine: tu TCA lo escuchó de este modo” , dirá alguien, y procede a rellenar el hueco (con frecuencia palabra por palabra) con cada pensamiento retorcido que mi propio cerebro había producido. 

En otras palabras, la lógica de un TCA puede parecer biológicamente no natural e infundada en realidad, pero no es impredecible. Su consistencia es asombrosa. Sin error posible, un TCA toma la mejor brizna de incertidumbre, la procesa con sus propias convicciones preconcebidas y fabrica la creencia de que no estás suficientemente enfermo, que tu cuerpo no es aceptable y que no necesitas comer. 

¡Esta es la razón de que no tenga sentido hablar el lenguaje del TCA ! Cuando estás atrapado en el valle de la enfermedad, los pensamientos que te mantienen allí son suficientemente devastadores por sí mismos. Ahora imagina que oyes, de alguien que se supone que te está ayudando a recuperarte, ¡una afirmación que respalda las mismas reglas que operan en ese valle! Tu conclusión sería la misma que el TCA te está diciendo: esta vida reducida es la única opción. No existe un sitio llamado “recuperación”. Las reglas de mi trastorno son ciertas. 

Y esta es la cruz del problema. Usted― y ahora me refiero a familiares y amigos, clínicos, cualquiera que ayude en la recuperación― puede ver que hay dos lados en el diagrama de “colina-valle”. Usa el lenguaje del TCA porque usted sabe que hay un mundo más allá de la enfermedad y quiere desesperadamente que su ser querido lo vea también. Así que le arroja un salvavidas― un salvavidas fabricado con el lenguaje de la delgadez y estar en forma, las únicas palabras que alguien con un TCA parece escuchar. 

Pero en el valle de la enfermedad, ¡no podemos ver el valle de la recuperación! Para nosotros no hay nada más ahí fuera. Así de convincente y universal es vivir la experiencia de un TCA. Así que cuando usted usa un lenguaje propio del TCA, no escuchamos a alguien de pie en el otro lado de la colina, impulsándonos a seguir adelante. Escuchamos a alguien a nuestro lado, en el valle de la enfermedad, confirmando que este es el lugar correcto y el único en el que estar.   

La verdadera empatía con alguien que tiene un TCA, entonces, es algo distinto de lo que usted esperaría. “Encontrarnos donde estamos” no significa unirse a nosotros en el valle de la enfermedad, adoptando nuestras normas y vocabulario. Significa recordarnos que hay dos lados en el diagrama. Significa estar en el otro valle. Significa mostrarnos, a través de palabras y acciones, que hay un lugar llamado “recuperación” donde las normas son radicalmente distintas, y recordándonos que, con ayuda, podemos llegar allí también. 

Un secreto: en lo más profundo, su cliente o amigo o hijo está deseando escuchar ese mensaje. Incluso en lo peor de mi enfermedad― momentos en los que, para un observador exterior podría parecer que yo quería que me dejaran a solas con mi anorexia y que me permitieran quedarme ahí― estaba desesperada por ser rescatada. El primer día que entré en el despacho de una dietista, hacia el exterior me mostraba desafiante. Mi ansiedad se mostraba como un rechazo vehemente a ganar peso. Pero justo bajo la superficie, estaba aterrorizada y exhausta. Estaba aterrorizada de esta “cosa” que había robado mi alegría y mi voluntad, haciendo de mi mundo algo miserable y vacío. Bajo mi resistencia y mis protestas, bajo el aferrarme a los comportamientos de la anorexia, no deseaba otra cosa que permiso para dejarlo ir. Deseaba escuchar a alguien decir “No tienes que ser así nunca más. Deja tu carga. Hay otra forma de vivir.”

Y cuando no recibí ese mensaje― cuando en lugar de ello la dietista respaldó mi deseo de delgadez confirmando mis miedos sobre mi cuerpo― esa pequeña llama de esperanza se extinguió. Cuando tienes un TCA, las semillas de la resistencia son muy frágiles. Son vulnerables al menor desánimo. El más sutil signo que confirme que tu enfermedad tiene razón. 

Para ayudar a alguien que está en recuperación, debes ser increíblemente observador, cuidadoso y paciente. A menudo (más bien, habitualmente) no serás capaz de ver el deseo de libertad que está creciendo sigilosa y cuidadosamente bajo los comportamientos de la enfermedad. Habitualmente verás justo lo contrario: una persona que parece aferrarse, como si su vida dependiera de ello, a la visión de la enfermedad. Es una de las ironías más crueles del TCA: la manifestación superficial de la enfermedad oculta y contradice las verdades que están presentes justo bajo la superficie, deseando ser reconocidas. Así que en cualquier momento, tu ― quien ayuda en la recuperación― debes estar preparado. Preparado para ofrecer una invitación inequívoca y única desde el valle de la recuperación, para que cuando al final la persona se sienta suficientemente fuerte (o suficientemente desgastada) para recibirla, la verdad que necesitamos que se libere, esté ya ahí. 

¿Cómo suena “Igual y opuesto”? Indicaciones para conversaciones en recuperación.

La buena noticia es esta. A causa de la impresionante predictibilidad― gracias a lo fuerte y rápidamente que retuerce cada fragmento de evidencia para respaldar sus creencias― es de hecho razonablemente sencilla de replicar. “Mensajes iguales y opuestos” no es un misterio y no es algo que tengas que inventar cada vez. Hay patrones que puedes aprender― afirmaciones que ofrecer y otras que evitar― para conducir casi cualquier conversación. Aquí van las mías.

Piensa (e imagina) antes de hablar

Antes de hablar con alguien que tiene un TCA, me pregunto: ¿Cómo interpretará esto un cerebro desnutrido? Cuando estaba sumergida en mi propia enfermedad ¿Cómo habría escuchado estas palabras?

Si no has experimentado un trastorno de la alimentación, aquí hay algunas preguntas para ayudarte a comenzar.

  • ¿Implica esta afirmación que unos cuerpos son mejores que otros?
  • ¿Sugiere que algunos alimentos tienen mayor (o menor) valor moral?
  • ¿Sostiene que “estar sano” (entendido como estar en forma) es un valor incuestionable?
  • ¿Incluye alguna alusión a números o comportamientos que puedan ser un detonante?
  • ¿Podría alguien con un TCA usar esta afirmación como una excusa para restringir lo que come o hacer demasiado ejercicio?
  • ¿Perpetúa los ideales de la cultura de la dieta?¿El estigma del peso?
  • ¿Enfatiza las cualidades físicas por encima de las interiores?
  • ¿Fomenta la comparación entre personas tanto si es en positivo como si es en negativo?

Recuerda que la persona con la que hablas te escuchará a través de un filtro selectivo. Si has respondido “tal vez” a cualquiera de estas preguntas, puedes asumir que la respuesta es “si” para alguien con un TCA, y reconsiderar tus palabras. 

Elige hacer preguntas y no declaraciones. 

Lo que me hace sentir peor y más ignorada en la recuperación es esto: cuando la gente trata de adivinar mi estado de ánimo interior basándose en mi apariencia exterior o mis acciones. En la recuperación, el progreso exterior no significa necesariamente ni produce bienestar interior. De hecho, suele ser lo contrario durante un tiempo. 

Mejor que decir “¡Has completado tu plan de comidas! lo estás haciendo muy bien”

Trata de decir “Me he dado cuenta que has hecho progresos en relación a las metas que pusimos la semana pasada ¿Cómo te hace sentir?¿Qué te pasa por la cabeza?”

Mejor que decir “Has comido poco, ¡debes estar recayendo!”

Prueba “Me he dado cuenta que en la comida has evitado un grupo completo de alimentos ¿Por qué has tomado esa decisión?¿Puedo ayudarte de algún modo?

El TCA ya cree que existe un vínculo entre la emoción y el comportamiento. Restringir puede ser una señal inconsciente de sufrimiento. Una forma de afirmar, a uno mismo y a los demás, de que algo va mal en el interior. Ayudarnos a practicar otras formas de expresar nuestros sentimientos― por ejemplo, compartirlos abierta y directamente. Enseñarnos a confiar y que cuando hablamos de nuestra verdad interior, otros nos escucharán. No estaremos solos. 

Proporciona unos límites firmes y atente a ellos. 

Recuerda lo que el trastorno de la alimentación hace con la ambigüedad. Tú― y aquí me refiero especialmente a los clínicos― puedes pensar que darle a alguien la posibilidad de realizar elecciones sobre su recuperación es útil y respetuoso. Puedes pensar que es una forma de ganar adhesión al tratamiento y de involucrar a los pacientes como compañeros en el cuidado. Pero recuerda que en cualquier momento dado estás hablando con dos “personas” diferentes― el “yo” del trastorno de la alimentación y el “yo” sano. El trastorno casi siempre lleva la voz cantante. “Escuchar” a alguien que está en recuperación, por tanto, con mucha frecuencia significa darle tiempo de audiencia y crédito a las opiniones del TCA, y , por tanto dejar de ayudar al “yo” sano a aprender cómo hablar. 

Así pues, en lugar de elecciones abiertas o discusiones, ofrezca opciones dentro de unos límites no negociables. 

En lugar de preguntar “¿Cuál piensas que debería ser nuestra estrategia acerca del ejercicio esta semana?”

Diga: “No está bien ir a correr como una forma de causar déficit de energía. Esta semana prefieres dejar de correr del todo o elegir una carrera corta tomando un snack extra?”

En lugar de pedirle a una persona en recuperación que encuentre motivación y visión (cualidades que, en el valle del TCA, son casi imposibles de conseguir) apórtele una imagen firme de “Cómo va a ser.”

No digas “Seguro que no quieres recaer. ¿Por qué no haces una lista de las cualidades de una recuperación completa e identificas lo que te retiene?”

Diga: “No es una opción seguir restringiendo y haciendo ejercicio como has estado haciendo. Vamos a darle la vuelta a esta recaída. ¿prefieres hacerlo aquí o en un lugar con un nivel superior de cuidados?”

He encontrado a muchos terapeutas que dudan a la hora de usar un lenguaje fuerte por miedo a provocar la rebelión o asustarnos. Les preocupa que poner límites firmes sea visto como lo opuesto a la empatía: una señal de falta de voluntad de trabajar con nuestros miedos y respetar nuestras prioridades. 

Yo no lo veo así. A lo largo de la recuperación he aprendido que cuando un cuidador presiona― cuando insiste en que “Yo sé lo que hay que hacer y así es como vamos a hacer las cosas” ― es una forma de escuchar más profundamente, un respeto por mi “yo” verdadero. Cuando mi propia motivación decae, puedo confiar en que los demás no van a dejar que mi recuperación vaya hacia atrás. Si tienes un trastorno de la alimentación, el acto de dejar de elegir es, paradójicamente, la forma más poderosa de acción. Perdí el control sobre las elecciones diarias, si, pero he ganado la posibilidad de acceder a la vida. 

¿Qué necesitas? Reclamar tus mensajes de recuperación. 

Lo que he descrito antes no va a funcionar para todo el mundo. Como persona delgada, blanca, mujer cis, he sido condicionada para seguir unas normas y ser recompensada por ello. Tiendo a responder a los límites positivamente, utilizándolos para fortalecer la voz de mi parte sana. Las personas con otras identidades― personas cuyos cuerpos no se benefician de los sistemas de privilegio y las reglas para mantenerlos― pueden responder de un modo muy distinto y reaccionar a los límites con resistencia y desconfianza. Yo también soy joven y sin discapacidad, determinada a empujar a través de todo para lograr una recuperación completa lo antes posible. He encontrado a otros que están fatigados de décadas de lucha o co morbilidades, que necesitan que sus cuidadores digan “Vamos a tormarnos esto con calma, como te sientas cómoda. Tú estás al mando.” Por definición, la empatía es diferente para cada individuo. La reflexión personal― qué funciona y qué no para tí― es la herramienta más poderosa. 

Para tí que estás en recuperación, entonces, te invito a pensar en el pasado, en un tiempo en el que te sentiste apoyada. Tal vez salías de la consulta de una dietista sintiéndote motivada y animada, con las cosas repentinamente claras sobre lo que tenías que hacer esa semana. Tal vez hablaste de la lucha de la recuperación con una amiga y te sentiste validada y escuchada. Entre esos encuentros ¿Puedes encontrar un patrón o similitudes? ¿Eres una persona que responde al refuerzo positivo o negativo?¿Necesitas franqueza o suavidad?¿Afirmación o exigencia? Una vez que hayas identificado qué funciona, considera decírselo a quienes te ayudan. “Comprendo la razón por la que habéis estado haciendo/diciendo las cosas de una determinada forma, pero “así” es como lo entiende mi TCA. ¿Podemos intentar hacer “esto otro” en su lugar?

Como dijo sabiamente una amiga mía, las relaciones con las personas que te ayudan en tu recuperación son como cualquier otra relación: requieren feedback y comunicación. No esperarías que una amiga o compañera adivinara intuitivamente su lenguaje en el amor. En su lugar  les dices lo que necesitas y quieres reconociendo que, al hacer esto, os beneficiais ambas. Así también con los clínicos, amigos y familia. La recuperación produce confusión y es difícil para todo el mundo. ¿Por qué no hacerla más simple pidiendo lo que necesitas?

En caso de que necesites ayuda para comenzar, estos son los mensajes que deseo escuchar con más frecuencia― las cosas que nunca me canso de oir cuando la recuperación parece inútil y agotadora.

Sé que es duro.

Me doy cuenta del trabajo que estás haciendo.

Tus sentimientos son válidos.

Eres suficiente.

Te prometo que será más fácil, y se que ahora no puedes verlo.

Si te equivocas, estoy aquí para sostenerte.

No estás sola.

Nunca será tarde para tener esperanza o recibir ayuda. 

Estos son mensajes que mucha gente añora escuchar. Son recordatorios de  conexión y valía, que son deseos básicos en todos los seres humanos. Si pasamos mucho tiempo sin escucharlos, nos entregamos a estrategias equivocadas, comportamientos que prometen insistentemente cumplir con nuestras necesidades, pero nos dejan vacíos  y desnudos. Para mí, las estrategias equivocadas son el trastorno de la alimentación, y el antídoto es la compañía honesta, compañía que reconoce donde estoy pero que también me recuerda el sitio hacia el que me dirijo. Necesito compañía que pueda convertir una enfermedad aislante en un recordatorio de las necesidades que todos compartimos. 

Emily Boring es una escritora y científica de Corvallis, Oregon. Graduada en la Universidad de Yale (a los 18 años) obtuvo un máster en ciencias (20 años) en ecología marina y genética en el estado de Oregón. A partir de su recuperación de la anorexia nerviosa durante la universidad, se ha convertido en  conferenciante activa, escritora y mentora. Sus escritos han aparecido en el blog de F.E.A.S.T., Las web Recovery Warriors y Los poderosos. Actualmente está haciendo un Master’s of Divinity en Yale, enfocado hacia la religión y la literatura. Espera escribir y enseñar en la intersección de la ciencia y la espiritualidad, usando su lenguaje compartido para ayudar a otros durante el proceso de curación. Pueden contactar con ella en emilylauraboring@gmail.com

 

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